sextorsion que hacer

Este artículo fue publicado en Expansión.

Últimamente ha vuelto a ser actualidad la llamada “sextorsión” (extorsión relacionada con la difusión de contenidos de carácter sexual si no se accede a pagar un rescate), debido a las noticias del pasado mes de enero sobre Víctor Sánchez del Amo, entonces entrenador del Málaga C.F., a raíz de su comunicado, donde admitió estar siendo víctima de un chantaje debido a una grabación de contenido sexual que le habrían realizado en su intimidad.

Cada uno en su ámbito privado es libre de hacer lo que quiera mientras no haga daño a nadie, ni estén involucrados menores, incapacitados o quien no tenga plena capacidad para prestar su consentimiento (artículo 1263 del código civil); y tiene la facultad de grabarlo, si es su deseo, y compartirlo con quien quiera; lo que no impide que decida que no sea conocido por nadie más, en virtud del derecho a la Intimidad del artículo 18-1 de nuestra Constitución y la Ley Orgánica 1/1982.

Pero, ¿qué se puede hacer cuando se sufre una sextorsión? Hay que distinguir entre dos supuestos. Por una parte, tenemos el caso del mail recibido, normalmente en un defectuoso inglés, y con una contraseña conocida en “Asunto” para darle veracidad. En el mensaje se asegura haber realizado una grabación de carácter sexual a través de la webcam de un dispositivo de la víctima, y haber obtenido sus contactos, de forma que se difundirá el vídeo si no se paga una cantidad en bitcoins (criptomonedas).

Detrás de estos mails se encuentran bots que difunden spam para “lanzar la caña” para que alguien conteste, que será a quien realmente intentarán estafar, ya que la respuesta es lo que avisa de que al sujeto le preocupa. Y es que realmente no hay grabación, ni tienen los contactos, pero si la víctima cree que es verdad y responde, el ciberdelincuente sabe que es vulnerable.

Entonces, ¿cómo es posible que tengan su contraseña? La explicación está en el mercadeo que existe en el deep web con bases de datos de contraseñas robadas. Sonados fueron los casos de LinkedIn, a la que sustrajeron 100 millones de contraseñas en 2012 y 2016, o más recientemente, el robo que sufrió Wallapop en noviembre de 2019, que recomendaron a sus usuarios que cambiaran su clave de acceso inmediatamente.

Por tanto, lo único que tendrían los hackers es un mail (el que se indicó al darse de alta en la red social), asociado a una contraseña (normalmente desactualizada) para acceder a la red social a la que robaron las claves (no para acceder al mail). Por ello, la recomendación es sustituir esta contraseña e ignorar estos mails, ya que al responder sería cuando realmente se podría generar un problema.

Supuesto distinto es cuando se hace llegar a la víctima un vídeo donde aparece en actitudes comprometidas –que, a veces, ha sido previamente grabado por la víctima y enviado voluntariamente a alguien (“sexting”), pensando que el destinatario no lo va a compartir con nadie–, amenazándole con difundirlo si no se le paga una cantidad de dinero o se accede a tener relaciones sexuales con el extorsionador (más habitual en el caso de adolescentes); como venganza de una expareja por haber finalizado una relación o de alguien no correspondido (“revenge porn”); o exigiéndole a la víctima realizar cualquier cosa contra su voluntad.

Aquí podría encuadrarse el famoso caso de la exconcejala de Los Yébenes (Toledo), Olvido Hormigos, a la que se grabó en un vídeo un encuentro sexual extramatrimonial y que fue difundido sin su consentimiento en 2012; o, más recientemente, el de Verónica, empleada de 32 años de IVECO, casada y con dos hijos, que se suicidó en mayo de 2019 tras la difusión por WhatsApp entre sus compañeros de trabajo de un antiguo vídeo en el que se veía como mantenía relaciones sexuales con su ex novio.

En estos casos estaríamos ante un delito contra la Intimidad del artículo 197, y un delito de Coacciones de los artículos 172 y siguientes, todos del código penal, y, en el supuesto de que finalmente la víctima se viera forzada a mantener relaciones sexuales no consentidas con el extorsionador, también concurriría un delito contra la Libertad Sexual (artículos 178 y siguientes del código penal). En consecuencia, en esta situación, la recomendación es interponer una denuncia para que se abra una investigación penal.

Y es que ha de tenerse presente que cuando se cede a un chantaje se están sentando las bases para que se vuelva a repetir en el futuro, ya que lo más probable es que el extorsionador, que ya sabe que la intimidación funciona sobre la víctima, no se conforme con realizarlo una vez, sino que pida más dinero, sexo o lo que sea que quiera conseguir mediante este medio.



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