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Noticia publicada en Xataka con la opinión de Raúl Rojas, socio de ECIJA.

Hay días en los que nos levantamos cansados. Al salir de la cama nos pesa el cuerpo y frente a la pantalla tenemos la sensación de que la cabeza nos funciona a unas cuantas marchas menos. Puede ser que hayamos dormido mal, o que acumulemos fatiga tras varios días de duro trabajo. Pero si esa sensación de agotamiento constante se prolonga en el tiempo, por semanas o meses, y está acompañada de pensamientos negativos respecto al empleo, es probable que suframos el síndrome de burnout, también conocido como síndrome del trabajador quemado.

El burnout se caracteriza por la cronificación del estrés, y cada vez afecta a más trabajadores en todo el mundo. Así, en 2019 la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaba que un 10% de los profesionales lo habían experimentado en todo el mundo, una cifra que la compañía de recursos humanos Adecco eleva al 40% en 2021, tanto con carácter global como en España, en su estudio ‘Resetting Normal: redefiniendo la nueva era del trabajo’.

Unos datos que los profesionales de la psicología confirman: “Los compañeros que trabajan en la sanidad pública nos dicen que cada vez hay más personas que sufren enfermedades mentales derivadas del trabajo. Y nosotros, dentro del servicio de la universidad, también hemos visto un aumento de la demanda del personal para tratar temas como la ansiedad, el estrés o el estado de ánimo, muy relacionados con el ámbito laboral”, explica a Xataka Mariela Checa, coordinadora del Servicio de Atención Psicológica de la Universidad de Málaga y decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental.

Un problema, por tanto, creciente. Tanto que la propia OMS ha reconocido este 2022 el síndrome de burnout como una enfermedad profesional al incluirlo en su Clasificación Internacional de Enfermedades. Un paso que todavía no ha dado España, que no reconoce ni ésta ni ninguna otra patología mental como enfermedad profesional. Por ello, tanto sindicatos como profesionales de la psicología reclaman al Gobierno que lo incorpore al Cuadro de enfermedades profesionales de la Seguridad Social para proteger adecuadamente a los trabajadores que lo padecen.

Mayor protección para el trabajador

Hasta ahora, las enfermedades mentales se consideran accidentes laborales o patologías relacionadas con el trabajo, pero no enfermedades laborales. Y, aunque sobre el papel puedan parecer lo mismo, lo cierto es que las diferencias entre unas y otra son notables.

En las dos primeras el trabajador tiene que demostrar que el problema que padece ha sido ocasionado su desempeño profesional, mientras que en la tercera la ley ya contempla que la patología se puede dar como consecuencia del empleo que ejerce, es decir, que ejercer ese empleo es un factor de riesgo para que aparezca, por lo que los trámites son mucho más sencillos y rápidos.

“Con una enfermedad relacionada con el trabajo, como se considera ahora el síndrome de burnout, tienes que demostrar que lo padeces con informes médicos y psicológicos y pelear mucho, a veces incluso por vía judicial, para probarlo y que se reconozca como accidente laboral para que te den la baja” explica a Xataka Encarna Abascal, secretaria nacional de Prevención de Riesgos Laborales de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF).

“Sin embargo”, continúa Abascal, “si se mete dentro del cuadro de enfermedades profesionales, la ley ya reconoce que hay determinados trabajos que aumentan el riesgo de padecer una serie de patologías, por lo que si aparece, no hace falta demostrar tantas cosas, porque se entiende que está intrínsecamente relacionada con tu puesto de trabajo”.

Por lo tanto, la inclusión del síndrome de burnout u otras patologías mentales como la ansiedad o la depresión en el cuadro de enfermedades laborales de la Seguridad Social agilizaría trámites y favorecería que el problema se empiece a tratar antes.

Si se consigue una baja laboral a tiempo se previene el desarrollo de patologías más graves. El estrés, la ansiedad o el insomnio son señales de alarma que nuestro cuerpo nos está dando para parar y empezar a ver qué nos sucede. Cuando las mantenemos en el tiempo y normalizamos el estado de alerta aparece un cansancio constante, pesadez en el cuerpo y surge la desmotivación, la sensación de sinsentido y una gran insatisfacción, lo que finalmente puede acarrear consecuencias graves para nuestra salud física y mental”, explica a Xataka Elisabet Schiavi, psicoterapeuta de la plataforma web de psicólogos Psonríe.

Reconocimiento y prevención

Asimismo, la inclusión en el Cuadro de enfermedades profesionales supondría el reconocimiento de que hay determinados trabajos que aumentan el riesgo de padecer una enfermedad mental, como el estrés crónico, la ansiedad o la depresión, por lo que las empresas implicadas tendrían que tomar medidas de prevención para disminuir todo lo posible la posibilidad de que estas patologías aparezcan.

“Cuando el cuadro lo reconoce, hay que hacer lo que se conoce como prevención primaria, por la que las empresas tienen que replantearse su gestión, reforzar los recursos humanos y tomar todas las medidas necesarias para tratar de evitar que el trabajador padezca la enfermedad, en este caso, el burnout”, explica Abascal.

El reconocimiento del cuadro también pondría orden a las actuaciones que se llevan a cabo en Atención Primaria con pacientes de salud mental y ayudaría a visibilizar estas enfermedades, de tal forma que tanto empleados como jefes sepan a qué atenerse cuando un compañero o ellos mismos las sufren.

Mariela Checa explica que la falta de información acerca de lo que es una enfermedad mental hace que los responsables de equipo y los propios trabajadores se lo tomen como un accidente laboral, es decir, como un hecho fortuito para el que hay, más o menos, un plazo de recuperación estimado. Lo que es un error al hablar de salud mental, donde los plazos dependerán de cada persona y su situación.

“A veces, cuando damos talleres sobre salud mental en el trabajo, algunos jefes preguntan que cuál es el plazo para que una persona con una enfermedad psicológica se reincorpore a su puesto .Este tipo de pensamiento en las instituciones no ayuda, porque lo importante es que se trate su enfermedad”, explica la coordinadora del Servicio de Atención Psicológica de la Universidad de Málaga.

Por otra parte, Checa señala que ese reconocimiento también serviría para que la Administración dote de más recursos a la salud mental, y en especial que atienda a una reivindicación que los psicólogos llevan haciendo mucho tiempo: que se aumente el número de plazas de estos profesionales en Atención Primaria.

Porque otro problema, explica, es que en la actualidad las enfermedades mentales se difuminan entre otras afecciones porque no se diagnostican bien y los paciente se derivan a especialistas inadecuados, que tratan las dolencias físicas derivadas de una patología mental en lugar de abordar el origen psicológico de ese malestar.

“El diagnóstico equívoco tiene dos consecuencias negativas. La principal, que tenemos una sociedad de gente con problemas mentales sin resolver. Y la otra, el gasto económico inútil que supone para la Administración tener constantemente en el circuito sanitario a pacientes a los que no se les soluciona lo que realmente tienen”, explica Checa.

Lo que dice la ley

La Ley General de la Seguridad Social de España recoge que un accidente laboral es toda lesión corporal que el trabajador sufre con ocasión o como consecuencia del trabajo que se ejecute por cuenta ajena. Mientras que la enfermedad profesional requiere de una afección contraída a consecuencia del trabajo, aunque la propia norma subraya más adelante que esas patologías deben estar provocadas “por la acción de los elementos o sustancias” especificados en el cuadro de enfermedades profesionales, como agentes químicos. Si obviamos esa última parte, parece que las afecciones mentales encajan más en la segunda definición que en la primera.

Además, “el accidente laboral se tiene que determinar en el momento, mientras que la enfermedad profesional habría que establecerla en los últimos doce meses, porque es un proceso”, explica Raúl Rojas, socio del bufete de abogados ECIJA experto en derecho laboral, lo que hace aún más extraño que las patologías mentales sólo se consideren hasta el momento accidentes, ya que afecciones como la depresión o el burnout son, precisamente, un proceso, no algo que aparece de forma súbita.

En este sentido, Encarna Abascal subraya que la diferencia también es temporal: en un accidente se prevé que la persona se recupere en un plazo determinado, mientras que por una enfermedad se consigue cobertura por más tiempo. Aunque Rojas explica que con un accidente también se puede solicitar una incapacidad permanente, que ampliaría la protección al trabajador indefinidamente. Pero, de nuevo, los trámites y el papeleo para obtenerla dilatan mucho el proceso.

En lo que no hay diferencias, según Rojas, es en las prestaciones por incapacidad temporal que prevé la ley tanto en el accidente como en la enfermedad laboral: el 75% de la base reguladora desde el día siguiente al de la baja.

Difícil de demostrar

A pesar de todo esto, psicólogos y sindicatos son conscientes de que las enfermedades mentales se enfrentan a un escollo importante para que sean consideradas enfermedades laborales: es muy difícil demostrar que una depresión o un trastorno de ansiedad tienen exclusivamente un origen laboral. En general, estas enfermedades aparecen por una suma de factores en los que el trabajo es sólo uno más. Por ello, para la mayoría de ellas se conceden bajas parciales.

Sin embargo, el síndrome de burnout es distinto. Al ser considerado “un estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito”, según la definición de la OMS, está directa y exclusivamente relacionado con el ámbito laboral, motivo por el que psicólogos y sindicatos reclaman que se incluya en el Cuadro de enfermedades laborales de la Seguridad Social.

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