Nueva tribuna de Mauricio París, socio de EICJA en Costa Rica, para La República. 

Bitcóin verde minado en Costa Rica

La Nación informaba en días pasados como generadores de energías renovables que se han visto afectados ante la no renovación de sus contratos con el Instituto Costarricense de Electricidad, han encontrado en las granjas de minería de bitcóines una alternativa para reinventarse. Este es un excelente ejemplo de cómo el país podría beneficiarse de los criptoactivos, y convertirse en una economía abierta a este tipo de inversiones. No, no hablo de seguir la ruta de El Salvador y reconocer el bitcóin o cualquier otra criptomoneda como oficial, sino más bien de aprovechar las capacidades del país y ser una economía de servicios abierta a los criptoactivos, un mercado que representa 2000 millones de dólares

El bitcóin es la criptomoneda por excelencia, lanzada en 2009. Su fórmula de 9 páginas fue publicada en 2008 por Satoshi Nakamoto, seudónimo de un personaje que gravita entre la realidad y la ficción. Explicado de forma muy simple, el bitcóin funciona de forma similar a enviar un correo electrónico: existen dos direcciones, una de salida y otra de entrada, cada una con una contraseña. Sin embargo, la diferencia sustancial del sistema es la cadena de bloques o blockchain sobre la que está diseñado, y que más allá de las criptomonedas, es una verdadera revolución tecnológica. La cadena de bloques no es otra cosa más que una base de datos, un apunte contable en un libro de cuentas que registra cambios de estado, y que está descentralizada y distribuida, es decir, no existe una autoridad central o un servidor único que la administre, sino que se respalda en los distintos servidores conectados a la red. El sistema tiene como base la encriptación, una tecnología que impide que el sistema sea vulnerado.

¿Dónde radica la novedad de la cadena de bloques? En que resuelve el problema informático del doble gasto. En román paladino: Cuando usted envía un correo electrónico con un archivo adjunto, ese archivo queda copiado en su computador, en los servidores del proveedor del correo electrónico, y en el computador de la persona que lo recibe y lo descarga. Es decir, Internet se base en duplicar la información. Imagínese si eso pasara con el dinero, se duplicaría infinitamente. La cadena de bloques ha logrado solucionar el problema de la duplicación mediante los denominados algoritmos de consenso. Es aquí en donde los mineros entran en escena. No, no se imagine un señor con casco, pico y pala. Los mineros no son otra cosa más que gran cantidad de servidores informáticos que pasan resolviendo operaciones matemáticas ininterrumpidamente con la finalidad de encontrar un número de un solo uso (nonce) un determinado número aleatorio que, al ser minado, hace que el minero reciba un pago consistente en 6.25 bitcóines por cada bitcóin minado, lo que equivale aproximadamente a US$275.000 al precio actual del bitcóin.

El minado, sin el que no habría bitcóin, requiere un consumo de energía significativo, que se convierte en sí mismo en una medida de seguridad del sistema, ya que obliga a quienes participan en la actividad a conectar potentes computadores a realizar las operaciones aritméticas de forma ininterrumpida. Esa actividad representa un costo económico que solo se asume si hay una recompensa, que es precisamente, el pago en bitcóin que reciben los mineros. De hecho, estudios de la Universidad de Cambridge, indican que la industria del bitcóin representa un gasto energético mayor que el de países como Colombia o Bangladés, y por eso encuentra múltiples críticas medioambientales.

Aunado a los problemas ambientales, el minado también ha afrontado restricciones regulatorias. Muchísimas granjas de minado estaban ubicadas en China, que el año pasado prohibió a todos sus ciudadanos cualquier tipo de interacción con bitcóin, incluyendo el minado. Esta decisión de China obedece a su ambicioso proyecto de yuan digital, su propia criptomoneda, razón por la que decidió prohibir la competencia que representaban otras criptomonedas.

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